La meditación gana reconocimiento científico por sus beneficios en la salud mental y física
En los últimos años, la práctica de la meditación ha dejado de ser vista únicamente como una disciplina espiritual para convertirse en una herramienta respaldada por la ciencia. Instituciones como la Organización Mundial de la Salud han advertido sobre el aumento global de los trastornos de ansiedad y depresión, lo que ha impulsado la búsqueda de estrategias accesibles y efectivas para el bienestar emocional. Diversos estudios realizados por universidades como la Universidad de Harvard han demostrado que la meditación puede reducir los niveles de estrés, mejorar la concentración y fortalecer el sistema inmunológico. Investigaciones en neurociencia incluso señalan que la práctica constante puede generar cambios positivos en áreas del cerebro relacionadas con la memoria y la regulación emocional. Programas como el mindfulness —popularizado en Occidente por expertos en psicología clínica— se han integrado en hospitales, escuelas y empresas como parte de iniciativas de salud integral. Además, aplicaciones móviles y plataformas digitales han facilitado el acceso a millones de personas que buscan mejorar su calidad de vida a través de sesiones guiadas. Especialistas destacan que dedicar entre 10 y 20 minutos diarios a la meditación puede marcar una diferencia significativa en el bienestar general. En un contexto de ritmo acelerado y alta exposición digital, esta práctica milenaria se posiciona como una aliada clave para equilibrar mente y cuerpo. La tendencia refleja un cambio cultural: cada vez más personas priorizan su salud mental, reconociendo que el autocuidado no es un lujo, sino una necesidad.
